Sentirse merecedor: un derecho, no una tarea. Una reflexión clínica desde Heinz Kohut sobre la autoestima, la cultura y el trabajo terapéutico.

La vivencia de sí mismo

En una época donde se nos repite que debemos "creer en nosotros mismos", "pensar en positivo" o "construir nuestra autoestima con actitud", no es raro que muchas personas se sientan aún más solas cuando no logran hacerlo. La cultura actual nos exige mantenernos motivados, fuertes, independientes... Incluso cuando estamos rotos por dentro. ¿Y si el problema no fuera que nos falta voluntad, sino que hemos confundido la fuente de autoestima con un mandato individualista?


El psicoanalista Heinz Kohut nos invita a cambiar la perspectiva: La autoestima no es un resultado personal, ni un privilegio emocional, sino un derecho humano básico, profundamente vinculado al modo en que hemos sido reconocidos-o ignorados- en nuestras relaciones más importantes. 


¿Cómo se construye la autoestima?


Heinz Kohut trabajó con personas quienes sufrían de Trastornos Narcisistas caracterizados por una sensación persistente de vacío interior, vergüenza profunda -muchas veces inconsciente- y una autoestima frágil. A partir de su trabajo clínico Kohut comprendió que este sufrimiento respondía a fallas tempranas en las relaciones significativas. Así desarrolló la psicología del self, una perspectiva que estudia el sentido del sí mismo como una vivencia interna profundamente intrincada con el entorno relacional y afectivo desde la infancia a la adultez. 


Heinz Kohut

Heinz Kohut. Iniciador de la Psicología del Self

Para clarificar lo anterior sugiero al lector evocar cuando un niño pequeño se encuentra con adultos asertivos quienes suelen alabar o aplaudir los pequeños logros del infante: sostener un vaso, hacer un garabato, dar un paso aunque luego se caiga, aplaudir, etc. Desde una perspectiva realista un niño es sumamente vulnerable, sus capacidades aun se encuentran en potencia y requieren de tiempo para desplegarse, sin embargo sostener el imaginario del niño como un ser grandioso, capaz y potente permite construir una vivencia interna de sí mismo positiva y sana que será de gran utilidad más adelante. 


De a poco, en la medida que el niño crece y se ve confrontado con los limites naturales de la realidad externa e interna puede desarrollar una imagen más realista de sí mismo, pero es necesario que el punto de partida sea una vivencia interna de grandiosidad sana. 


Los problemas de autoestima y el trabajo terapéutico.


El problema surge cuando ese sostén temprano falla o es insuficiente. Si el entorno no valida las expresiones espontáneas del niño, si ridiculiza sus emociones o lo deja sólo ante sus necesidades, lo que se instala no es una imagen realista de sí mismo, sino una sensación crónica de no ser digno de amor. Muchas personas llegan a la adultez con esa herida invisible, buscando sin saberlo un reconocimiento básico que nunca recibieron. 


La necesidad de reconocimiento puede expresarse de maneras muy distintas: algunos pueden sobreponerse con una grandiosidad defensiva en compensación a falta de autoestima, otros caer en una tristeza recurrente, etc. Entender la manera como este sufrimiento se presenta es una tarea compartida entre el paciente y el terapeuta que se va tejiendo con el tiempo. Como solemos decir en clínica, cada historia exige su propio lenguaje y su propio cuidado. 


En este contexto los mandatos culturales de rendir, pensar en positivo o proclamarse merecedor, pueden volverse contraproducentes cuando la vivencia interna de sí mismo se encuentra fragmentada. Pese a esto, un proceso terapéutico que logre restaurar el sentido de sí mismo a través de una experiencia emocional reparadora  puede re-significar estos discursos: 


El rendimiento puede dar paso a la vitalidad. La paz interior puede darse en lugar del pensamiento positivo forzado. Y el sentir que uno merece amor puede surgir no como una consigna externa, sino como una convicción íntima y verdadera. 



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