Tres vértices y Yo: el triángulo de la autoestima

¿Por qué algunos podemos sentirnos insuficientes de manera persistente pese a todos nuestros esfuerzos por ser lo contrario?,¿Por qué por otro lado hay quienes se sienten inhibidos a orientarse a sus metas y confunden esta limitante con holgazanería?


"El triángulo de la autoestima"


Desde la psicoterapia psicoanalítica, el autor Hugo Bleichmar propone una idea útil para comprender cómo funciona nuestra autoestima: Un triángulo de tres vértices que debe mantenerse en equilibrio. Lo llamó el triángulo del balance narcisista.  


Cuando algún vértice se desajusta más de lo que este equilibrio puede mantener, el sentido de nuestro valor personal puede tambalear. Los tres vértices corresponden a: la identidad, los ideales y la autoevaluación interna. Permítanme explicar más a detalle cada uno:




La identidad


La identidad corresponde a las respuestas que tenemos frente a las preguntas sobre: ¿Quién soy?, ¿Qué soy para los demás?, ¿De dónde vengo? Pero aquí una precisión, no sólo me refiero a las respuestas conscientes, sino también a nuestras contradicciones más o menos evidentes. Incluso a los significados que encarnamos sin percatarnos de ello. Nuestras contradicciones y significados inconscientes también son parte de lo que somos. 


Estas contradicciones identitarias son de la vida cotidiana, por ejemplo:

El que se siente plenamente identificado con el mindfulness y la vida simple, pero tiene tres aplicaciones de meditación, cuatro cuadernos de gratitud y cinco alarmas distintas para respirar. 

O el ecologista que pide todos los días un café en  vaso desechable… Con doble tapa por si acaso. 


Por eso, mantener un sentido de identidad coherente es una labor que a veces, sin darnos cuenta, requiere de inmensos esfuerzos mentales. Y cuando esta labor se interrumpe o se fragmenta, pueden aparecer problemas de autoestima. 


Los ideales


Los ideales, como su nombre lo indica, son proyecciones de nosotros mismos (y del mundo) con un carácter ideal. Muchos de nosotros albergamos una imagen grandiosa de lo que somos o podríamos llegar a ser: Quien ama la política se imaginará dando un discurso en una gran platea, quien valora su familia se verá como un padre fantástico en un paseo dominical. 


Estas imágenes ideales son necesarias. Nos ayudan a preservar un sentimiento positivo de nosotros mismos. Pero también pueden volverse un problema:

- Para algunos el ideal es tan elevado que resulta sofocante.

- Para otros es su única fuente posible de autoestima.

- En ciertos casos, el ideal es tan ausente que no hay impulso alguno hacia la realización personal.


De esta manera se configuran diferentes formas de malestar emocional.  

 

La autoevaluación interna


Ya casi llegamos al final. La autoevaluación interna ha sido retratada comúnmente como la "voz de la conciencia" que habita en nosotros. Proviene de nuestras experiencias más tempranas, de hecho algunos autores argumentan que se forma incluso antes del primer año de vida.


Es esa "mamá regañona" que llevamos adentro y nos dice que bajemos la tapa del baño o ese "profe exigente" que repite "¡Estudien!". Esas experiencias internalizadas forjan nuestro sentido moral y la manera como organizamos nuestras vidas.


Ahora bien: a veces esa voz interna puede volverse extremadamente punitiva o todo lo contrario puede ser excesivamente laxa, sin capacidad de exigirnos o señalarnos los errores reales. Allí vale la pena preguntarnos: ¿Desde qué experiencias emocionales aprendimos a evaluarnos a nosotros mismos?


Una conclusión final


Sostener una autoestima saludable no es solo cuestión de "pensar bonito" sobre uno mismo. Es un proceso complejo que depende de múltiples factores, entre ellos: el entrelazamiento de nuestro sentido de identidad con sus contradicciones y aspectos inconscientes, la relación que entablamos con nuestros ideales y con esa voz interna que nos supervisa. Juntos construyen el sentimiento interior que versa: "Éste(a) soy yo". 









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